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jueves, 14 de mayo de 2009
miércoles, 13 de mayo de 2009
Sigue la ayuda

Ya pasó un mes del siniestro que dejó casi sin nada al club de rugby y hockey, San Martín de los Andes. A comienzo de abril, un incendio destruyó el quincho y todos los materiales deportivos con los que contaba la institución.
Podés leer la nota completa en:
http://prematch.com.ar/index.php?x=nota/69895/1/contina-la-ayuda
Noticias desde la Patagonia
Luego de varios intentos por parte de clubes ya establecidos o la frustrada llegada de un club ya conocido, el rugby en la villa balnearia Rada Tilly volverá a tener su oportunidad cuando este fin de semana la guinda retome su movimiento con los entrenadores Nicolás Mattano y Roberto Méndez.
Podés leer la noticia completa en:
http://www.elpatagonico.net/index.php?item=nota&idn=49253&ref=hoy
martes, 12 de mayo de 2009
El retiro del deportista: cuando los sueños y los desafíos parecen terminarse
Uno de los momentos cruciales en la vida de un deportista es la hora del retiro. Si bien es un tema de actualidad, porque todos los días hay deportistas que culminan su carrera, no es uno de los tema sobre el que abunde la bibliografía, en especial la de habla hispana.
Mientras dura la competencia, el deportista entrena distintas habilidades, físicas, tácticas y emocionales. Pero rara vez se toma en cuenta la preparación para el momento del retiro, pese a que todos saben, o deberían saberlo, que es un momento que llegará indefectiblemente. Y como nadie sabe de antemano cómo reaccionará el deportista una vez retirado, si se presentarán problemas o no, algunos prefieren considerar que el tema debe abordarse desde la psicología clínica, y no desde lo estrictamente deportológico. No es esta nuestra postura; el momento del retiro forma parte de la vida del deportista, quien no dejará de serlo porque concluya su etapa competitiva.
Las causas que pueden llevar a un deportista a retirarse pueden ser varias, pero hoy vamos a tomar solamente el caso del deportista que siente que retirarse es el único camino que le queda, sea por su edad, por lesiones, por disminución de su rendimiento, etc. Vamos a dejar de lado aquí a quien toma la decisión de retirarse y lo vive como un alivio, como algo que, en definitiva, lo está gratificando.
Aunque desde siempre, en forma más o menos consciente, el deportista supo que ese día llegaría, lo más probable es que no esté lo suficientemente preparado (algunos piensan, también, que no hay preparación suficiente...). Hay quienes lo vivirán mejor, pero para algunos se trata de un momento de verdadera crisis y desolación, de sentirse vacíos, aturdidos, tristes, agresivos, amargados o deprimidos. ¿Por qué?
El momento del retiro es un duelo. Estar en duelo significa darse cuenta que hay algo que ya no va a estar más. No tiene que haber fallecido una persona para estar en duelo; los duelos se producen cuando alguien o algo que estaba o era, ya no está o ya no es. El duelo tiene que ver con lo irremediable, con lo que ya no vuelve, con no poder dar marcha atrás. Por eso, la forma en que la persona se sitúe frente a su retiro, en especial en el caso de la alta competencia, estará determinada mayoritariamente por la manera que ha encarado su carrera deportiva previa y con el espacio que esa vida deportiva ocupa en la identidad que ha construido esa persona.
Una persona cuya vida deportiva integra un “porcentaje” alto de su identidad seguramente entrará en un proceso de crisis en el momento de su retiro y tenderá a experimentar una variedad de dificultades de adaptación al proceso. Hay deportistas que comenzaron a practicar un deporte tan tempranamente que ni siquiera recuerdan cuando fue el momento exacto en que empezaron. Esto implica que su vida, que su propia identidad puede llegar a estar asimilada en un porcentaje muy elevado a la práctica de ese deporte, y en definitiva, a la conformación de su propia integridad. Por eso, no puede perderse de vista que es algo del propio ser lo que se deja atrás, que se termina, y es en este aspecto donde se presentan las dificultades, ya que se trata de hacer un duelo sobre una parte del “si mismo”... y en la mayoría de los casos esto no es ni fácil ni sencillo.
A su vez, en el caso que el reconocimiento social haya venido de la mano del deporte, entran a jugar el tema de la valoración personal y los éxitos, lo que ubica al deportista en situación de retiro como a un individuo despojado de algo que siente que jamás recuperará. Es aquí donde resulta indispensable entender el proceso de duelo, saber en qué etapa del mismo se encuentra, evaluar si hay elementos que indiquen alguna patología del mismo y facilitar la búsqueda de nuevas ocupaciones y el aprendizaje de nuevos roles diferentes al rol de deportista. Cuanto más fuerte sea la identidad deportiva del individuo, cuánto más destacado o reconocido sea e, incluso, cuánto mayor sea su calidad de líder, en caso de deportistas de equipos, es posible encontrar mayores dificultades en el proceso de retiro.
El momento del retiro no involucra sólo lo estrictamente deportivo. Hay aspectos sociales y emocionales “indirectos” que se derivan de esta situación pero que son fácilmente desatendidos. Una de las consecuencias inmediatas del retiro es el hecho de disponer de mayores cantidades de tiempo y de no contar con una estructura de soporte en la organización cotidiana. Cambia la rutina, cambia la alimentación, cambian las sensaciones corporales. Hay más tiempo para todo y menos organización, en cierto aspecto, es todo nuevo, pero esto, que puede verse externamente como algo positivo, puede ser un componente que influya negativamente en otros aspectos de la vida de un deportista retirado. Incluso el hecho de estar más tiempo en contacto con el ámbito familiar y social puede influir de diversas formas, dependiendo de cómo atraviese este momento la persona. Un sujeto entristecido, aunque tenga más tiempo en cantidad, tenderá a aprovechar menos su tiempo en calidad.
Si bien una de las posibilidades es observar reacciones de tipo depresivo, también pueden surgir reacciones más maníacas: sujetos que se embarcan impulsivamente en cuanto proyecto se les cruza, o que comienzan inmediatamente la práctica de otro deporte o que incrementan sustancialmente su vida social, en forma exagerada. Todas reacciones con las que se intenta aturdir, muchas veces inconscientemente, para paliar la situación que no se soporta y para mitigar la falta de desafíos que implica la actividad competitiva. Ambos extremos son posibles indicadores de que las cosas no marchan muy bien y que algún tipo de ayuda externa puede ser beneficiosa.
Para transitar un duelo no hay fórmulas mágicas ni recetas milagrosas: hay que vivirlo, y cierta dosis de introspección es necesaria y saludable. La buena noticia es que alguien que haya puesto su pasión, sus sueños y sus esfuerzos en la práctica de un deporte puede, sólo o con ayuda, atravesar el duelo del retiro y salir del mismo fortalecido. La mayor o menor bondad del proceso dependerá de la historia previa del deportista, de su entorno familiar y social y de los recursos psicológicos e intelectuales con que cuente en lo personal, por mencionar solo algunos de los factores a tener en cuenta. Lo importante es llegar al punto de reconocimiento crucial: el retiro es un verdadero proceso de duelo y algunos necesitan trabajarlo más que otros. La adaptación a la nueva vida se transitará mejor cuando se cuente con apoyo familiar y social, con alternativas ocupacionales y con una buena planificación previa al retiro.
Por todo esto y porque el momento del retiro llega indefectiblemente, es necesario formar no sólo buenos deportistas sino también personas con recursos psicológicos saludables e intelectuales adecuados para la vida después de la competencia. El hecho de tener estudios que permitan una reinserción laboral o la posibilidad de retomarlos, permite una proyección a futuro, dentro del mismo ámbito deportivo o fuera de él. Los más complicados pueden ser aquellos deportistas que abandonan todo por su deporte, desde los estudios hasta la vida social. Para prevenir es preciso que todos los actores implicados en la práctica deportiva tomen conciencia sobre la necesidad de pensar al deportista en forma integral:
como una persona con un pasado, un presente y también un futuro en la competencia y más allá de la misma;
como una persona que requiere no sólo entrenamiento físico y táctico, sino también contención psicológica y apoyo;
como una persona a la cual se le deben brindar diversas herramientas que permitan su crecimiento personal y social, además de su crecimiento deportivo, como pueden ser buenos programas de asesoramiento vocacional y ocupacional que faciliten su integración al mundo extra deportivo una vez finalizada su etapa competitiva.
Todo esto tal vez parezca muy alejado de nuestro rugby, pero incluso para un jugador amateur puede ser difícil colgar los botines y sentirse conmocionado cuando debe dejar su práctica. Por suerte, en nuestro país el rugby está sostenido por aspectos sociales que facilitan la contención, ya que el jugador que deja la competencia y es un apasionado, raramente se desvincula totalmente de su club y de todo lo que rodea el aspecto social de este deporte. Una de las formas de sublimar la falta de competencia es asumiendo el rol de entrenador y formador de nuevos jugadores.
Para los jugadores profesionales, para los que hayan dedicado SU VIDA a este deporte, el momento del retiro puede ser muy complejo. Pero los desafíos y los sueños no se terminan ahí aunque la persona se sienta vacía; sólo se trata de reconocer las dificultades que el retiro trae aparejadas, buscar ayuda si no se puede solo y ver como se planifica para seguir la vida adelante, recuperando la pasión y las motivaciones. No hay recetas mágicas. Bien trabajado, puede ser un momento de transición desde donde se evolucione y se salga fortalecido.
Lic. Inés Tornabene
Psicóloga
Mientras dura la competencia, el deportista entrena distintas habilidades, físicas, tácticas y emocionales. Pero rara vez se toma en cuenta la preparación para el momento del retiro, pese a que todos saben, o deberían saberlo, que es un momento que llegará indefectiblemente. Y como nadie sabe de antemano cómo reaccionará el deportista una vez retirado, si se presentarán problemas o no, algunos prefieren considerar que el tema debe abordarse desde la psicología clínica, y no desde lo estrictamente deportológico. No es esta nuestra postura; el momento del retiro forma parte de la vida del deportista, quien no dejará de serlo porque concluya su etapa competitiva.
Las causas que pueden llevar a un deportista a retirarse pueden ser varias, pero hoy vamos a tomar solamente el caso del deportista que siente que retirarse es el único camino que le queda, sea por su edad, por lesiones, por disminución de su rendimiento, etc. Vamos a dejar de lado aquí a quien toma la decisión de retirarse y lo vive como un alivio, como algo que, en definitiva, lo está gratificando.
Aunque desde siempre, en forma más o menos consciente, el deportista supo que ese día llegaría, lo más probable es que no esté lo suficientemente preparado (algunos piensan, también, que no hay preparación suficiente...). Hay quienes lo vivirán mejor, pero para algunos se trata de un momento de verdadera crisis y desolación, de sentirse vacíos, aturdidos, tristes, agresivos, amargados o deprimidos. ¿Por qué?
El momento del retiro es un duelo. Estar en duelo significa darse cuenta que hay algo que ya no va a estar más. No tiene que haber fallecido una persona para estar en duelo; los duelos se producen cuando alguien o algo que estaba o era, ya no está o ya no es. El duelo tiene que ver con lo irremediable, con lo que ya no vuelve, con no poder dar marcha atrás. Por eso, la forma en que la persona se sitúe frente a su retiro, en especial en el caso de la alta competencia, estará determinada mayoritariamente por la manera que ha encarado su carrera deportiva previa y con el espacio que esa vida deportiva ocupa en la identidad que ha construido esa persona.
Una persona cuya vida deportiva integra un “porcentaje” alto de su identidad seguramente entrará en un proceso de crisis en el momento de su retiro y tenderá a experimentar una variedad de dificultades de adaptación al proceso. Hay deportistas que comenzaron a practicar un deporte tan tempranamente que ni siquiera recuerdan cuando fue el momento exacto en que empezaron. Esto implica que su vida, que su propia identidad puede llegar a estar asimilada en un porcentaje muy elevado a la práctica de ese deporte, y en definitiva, a la conformación de su propia integridad. Por eso, no puede perderse de vista que es algo del propio ser lo que se deja atrás, que se termina, y es en este aspecto donde se presentan las dificultades, ya que se trata de hacer un duelo sobre una parte del “si mismo”... y en la mayoría de los casos esto no es ni fácil ni sencillo.
A su vez, en el caso que el reconocimiento social haya venido de la mano del deporte, entran a jugar el tema de la valoración personal y los éxitos, lo que ubica al deportista en situación de retiro como a un individuo despojado de algo que siente que jamás recuperará. Es aquí donde resulta indispensable entender el proceso de duelo, saber en qué etapa del mismo se encuentra, evaluar si hay elementos que indiquen alguna patología del mismo y facilitar la búsqueda de nuevas ocupaciones y el aprendizaje de nuevos roles diferentes al rol de deportista. Cuanto más fuerte sea la identidad deportiva del individuo, cuánto más destacado o reconocido sea e, incluso, cuánto mayor sea su calidad de líder, en caso de deportistas de equipos, es posible encontrar mayores dificultades en el proceso de retiro.
El momento del retiro no involucra sólo lo estrictamente deportivo. Hay aspectos sociales y emocionales “indirectos” que se derivan de esta situación pero que son fácilmente desatendidos. Una de las consecuencias inmediatas del retiro es el hecho de disponer de mayores cantidades de tiempo y de no contar con una estructura de soporte en la organización cotidiana. Cambia la rutina, cambia la alimentación, cambian las sensaciones corporales. Hay más tiempo para todo y menos organización, en cierto aspecto, es todo nuevo, pero esto, que puede verse externamente como algo positivo, puede ser un componente que influya negativamente en otros aspectos de la vida de un deportista retirado. Incluso el hecho de estar más tiempo en contacto con el ámbito familiar y social puede influir de diversas formas, dependiendo de cómo atraviese este momento la persona. Un sujeto entristecido, aunque tenga más tiempo en cantidad, tenderá a aprovechar menos su tiempo en calidad.
Si bien una de las posibilidades es observar reacciones de tipo depresivo, también pueden surgir reacciones más maníacas: sujetos que se embarcan impulsivamente en cuanto proyecto se les cruza, o que comienzan inmediatamente la práctica de otro deporte o que incrementan sustancialmente su vida social, en forma exagerada. Todas reacciones con las que se intenta aturdir, muchas veces inconscientemente, para paliar la situación que no se soporta y para mitigar la falta de desafíos que implica la actividad competitiva. Ambos extremos son posibles indicadores de que las cosas no marchan muy bien y que algún tipo de ayuda externa puede ser beneficiosa.
Para transitar un duelo no hay fórmulas mágicas ni recetas milagrosas: hay que vivirlo, y cierta dosis de introspección es necesaria y saludable. La buena noticia es que alguien que haya puesto su pasión, sus sueños y sus esfuerzos en la práctica de un deporte puede, sólo o con ayuda, atravesar el duelo del retiro y salir del mismo fortalecido. La mayor o menor bondad del proceso dependerá de la historia previa del deportista, de su entorno familiar y social y de los recursos psicológicos e intelectuales con que cuente en lo personal, por mencionar solo algunos de los factores a tener en cuenta. Lo importante es llegar al punto de reconocimiento crucial: el retiro es un verdadero proceso de duelo y algunos necesitan trabajarlo más que otros. La adaptación a la nueva vida se transitará mejor cuando se cuente con apoyo familiar y social, con alternativas ocupacionales y con una buena planificación previa al retiro.
Por todo esto y porque el momento del retiro llega indefectiblemente, es necesario formar no sólo buenos deportistas sino también personas con recursos psicológicos saludables e intelectuales adecuados para la vida después de la competencia. El hecho de tener estudios que permitan una reinserción laboral o la posibilidad de retomarlos, permite una proyección a futuro, dentro del mismo ámbito deportivo o fuera de él. Los más complicados pueden ser aquellos deportistas que abandonan todo por su deporte, desde los estudios hasta la vida social. Para prevenir es preciso que todos los actores implicados en la práctica deportiva tomen conciencia sobre la necesidad de pensar al deportista en forma integral:
como una persona con un pasado, un presente y también un futuro en la competencia y más allá de la misma;
como una persona que requiere no sólo entrenamiento físico y táctico, sino también contención psicológica y apoyo;
como una persona a la cual se le deben brindar diversas herramientas que permitan su crecimiento personal y social, además de su crecimiento deportivo, como pueden ser buenos programas de asesoramiento vocacional y ocupacional que faciliten su integración al mundo extra deportivo una vez finalizada su etapa competitiva.
Todo esto tal vez parezca muy alejado de nuestro rugby, pero incluso para un jugador amateur puede ser difícil colgar los botines y sentirse conmocionado cuando debe dejar su práctica. Por suerte, en nuestro país el rugby está sostenido por aspectos sociales que facilitan la contención, ya que el jugador que deja la competencia y es un apasionado, raramente se desvincula totalmente de su club y de todo lo que rodea el aspecto social de este deporte. Una de las formas de sublimar la falta de competencia es asumiendo el rol de entrenador y formador de nuevos jugadores.
Para los jugadores profesionales, para los que hayan dedicado SU VIDA a este deporte, el momento del retiro puede ser muy complejo. Pero los desafíos y los sueños no se terminan ahí aunque la persona se sienta vacía; sólo se trata de reconocer las dificultades que el retiro trae aparejadas, buscar ayuda si no se puede solo y ver como se planifica para seguir la vida adelante, recuperando la pasión y las motivaciones. No hay recetas mágicas. Bien trabajado, puede ser un momento de transición desde donde se evolucione y se salga fortalecido.
Lic. Inés Tornabene
Psicóloga
lunes, 11 de mayo de 2009
Iñaki
Antes de comenzar el partido, pudimos ver a todos los Jaguares en el Club Atlético de San Isidro reunidos alrededor del cartel que llevó la gente de Deportiva Francesa para continuar con la campaña de apoyo para la recuperación de Iñaki Benitez Cruz.
Fueron muchos y se los pudo ver recorriendo los alrededores del estadio, repartiendo volantes y haciendo sentir su presencia.
Uno de los volantes pedía ideas para ayudar a Iñaki. El mail para escribir es: porbenitezcruz@deportivafrancesa.com
jueves, 7 de mayo de 2009
Jaguares vs Namibia
Viernes 8 de mayo de 2009 - 21 hs - CLUB ATLÉTICO DE SAN ISIDRO
El Seleccionado Nacional disputará dos encuentros amistosos ante su par de Namibia. Los mismos se efectuarán el 8 y 15 de mayo, en el CASI y La Plata R.C., respectivamente, a partir de las 21:10. Más información en el sitio de la UAR: www.uar.com.ar
jueves, 30 de abril de 2009
El riesgo en el juego
Para reflexionar, esta nota escrita por Juan Migliore.
Juan Migliore escribe sobre la necesidad de "tomar conciencia ante la peligrosidad del rugby actual". Es el papá de Juan Cruz, jugador de CUBA que murió el año pasado tras haber quedado lesionado en un partido contra San Fernando.
En mi opinión el juego del rugby actual es muy peligroso, sobre todo si negamos que es así. Por una lesión puede sobrevenir hasta la muerte de un jugador. Esa es la realidad más cruda. Desde la muerte de Juanqui, mi hijo, me puse a estudiar este problema, conversé con muchas personas allegadas al rugby, jugadores, entrenadores, dirigentes. Concentro el problema en cuatro puntos para trabajar: Toma de conciencia, Profesionalismo, Reglamento y Prevención. Toma de conciencia: En general el pensamiento es "el rugby es peligroso, pero a mi no me va a pasar" o "No es tan peligroso". Es como el motociclista que circula por las calles sin casco, como los que no usan cinturón de seguridad, los que toman y luego manejan. No tienen conciencia de la peligrosidad. Felizmente el Estado ha tomado parte en esta lucha para prevenir accidentes de manera tal que hoy en día se está haciendo mucho. Se tomó conciencia y se está trabajando. En mi opinión, el rugby actual es un deporte de contacto, muy físico y que se juega con un reglamento importado que es criminal. Es un deporte muy riesgoso y eso no se difunde. Porque está en juego la salud de las personas es el Gobierno el que debe velar por la seguridad de los jóvenes. Hay muertes, lesiones graves y debería intervenir de alguna manera. Me parece que los dirigentes de la UAR tienen otros objetivos y no son capaces de controlar por sí solos. Profesionalismo: No podemos negar que el Rugby en la Argentina es profesional. Hay camisetas de clubes que tienen sponsors, hay jugadores que cobran un sueldo, hay entrenadores rentados, hay carteles publicitarios en todas las canchas, la URBA contrata canales de televisión y las empresas promocionan sus productos a cambio de dinero. La UAR está manejando fondos de la IRB para promocionar el deporte. Es bueno que exista un rugby profesional, y se juegue con todas las prevenciones necesarias y obligatorias. No es bueno que todos los clubes que están afiliados a la UAR no puedan cubrir sus necesidades de prevención y que se expongan a los accidentes que sabemos que ocurren. El profesionalismo está instalado, pero siempre está la opción de formar un rugby amateur con reglas y campeonatos distintos. Reglamento: Este es un tema que viene de la mano del tema anterior. Digo esto porque el reglamento que jugamos en Argentina está impuesto por la IRB, que está formada por los países más poderosos. Australianos y Neocelandeses son los mejores del mundo, pero han adaptado el rugby de acuerdo a su conveniencia física. No es que ellos no tengan accidentes, sólo que no les importa. Cuando salen a la cancha, salen a la guerra. Hay alternativas para cambiar, si tomamos en serio que la seguridad de los jugadores tiene prioridad absoluta. Hay que tomar medidas de fondo y a modo de ejemplo teniendo en cuenta que la lesión cervical es la más dañina y que los jugadores menores de 22 años son los más expuestos se me ocurren algunos cambios: 1) Que el rugby juvenil tenga reglas de juego independientes y que ningún jugador menor de 22 años pueda jugar en el plantel superior con las reglas actuales. 2) No es mi intención hacer un nuevo reglamento. Pienso que podríamos hacer una mezcla del reglamento viejo donde no se podía jugar la pelota desde el piso. Erradicar por completo el ruck e incorporar todas las reglas de prevención para juveniles. 3) Eliminaría todos los seleccionados juveniles de menores de 22. No veo conveniente que los chicos se preparen para jugar en alta competencia contra jugadores profesionales, muy desarrollados físicamente. Hay chicos que se entrenan todos los días y tienen una preparación física muy buena. El problema es que juegan el campeonato local contra otros jugadores que no están preparados. Prevención: La Sub-Comisión de Difusión y Desarrollo del juego de la URBA en el 2008 comenzó a implementar el programa de Smart Rugby. Este programa tiene por objetivo la práctica de un rugby inteligente pero sobre todas las cosas "seguro". Proviene de la Unión Australiana de Rugby. Sinceramente me parece que es muy bueno para prevenir accidentes. Además tiene un contenido muy interesante para el tratamiento urgencias. Vuelvo al tema toma de conciencia: este programa se inició a principio de la temporada 2008 y debía estar implementado para todos los entrenadores para marzo del 2009. Creo que por falta de conciencia o dejadez en la mayoría de los clubes todavía no está implementado. Realmente no sé qué tiene que pasar para que todos tomemos conciencia de lo que está pasando.Por Juan Migliore.
Enlace: http://www.clarin.com/diario/2009/04/30/um/m-01909138.htm
Juan Migliore escribe sobre la necesidad de "tomar conciencia ante la peligrosidad del rugby actual". Es el papá de Juan Cruz, jugador de CUBA que murió el año pasado tras haber quedado lesionado en un partido contra San Fernando.
En mi opinión el juego del rugby actual es muy peligroso, sobre todo si negamos que es así. Por una lesión puede sobrevenir hasta la muerte de un jugador. Esa es la realidad más cruda. Desde la muerte de Juanqui, mi hijo, me puse a estudiar este problema, conversé con muchas personas allegadas al rugby, jugadores, entrenadores, dirigentes. Concentro el problema en cuatro puntos para trabajar: Toma de conciencia, Profesionalismo, Reglamento y Prevención. Toma de conciencia: En general el pensamiento es "el rugby es peligroso, pero a mi no me va a pasar" o "No es tan peligroso". Es como el motociclista que circula por las calles sin casco, como los que no usan cinturón de seguridad, los que toman y luego manejan. No tienen conciencia de la peligrosidad. Felizmente el Estado ha tomado parte en esta lucha para prevenir accidentes de manera tal que hoy en día se está haciendo mucho. Se tomó conciencia y se está trabajando. En mi opinión, el rugby actual es un deporte de contacto, muy físico y que se juega con un reglamento importado que es criminal. Es un deporte muy riesgoso y eso no se difunde. Porque está en juego la salud de las personas es el Gobierno el que debe velar por la seguridad de los jóvenes. Hay muertes, lesiones graves y debería intervenir de alguna manera. Me parece que los dirigentes de la UAR tienen otros objetivos y no son capaces de controlar por sí solos. Profesionalismo: No podemos negar que el Rugby en la Argentina es profesional. Hay camisetas de clubes que tienen sponsors, hay jugadores que cobran un sueldo, hay entrenadores rentados, hay carteles publicitarios en todas las canchas, la URBA contrata canales de televisión y las empresas promocionan sus productos a cambio de dinero. La UAR está manejando fondos de la IRB para promocionar el deporte. Es bueno que exista un rugby profesional, y se juegue con todas las prevenciones necesarias y obligatorias. No es bueno que todos los clubes que están afiliados a la UAR no puedan cubrir sus necesidades de prevención y que se expongan a los accidentes que sabemos que ocurren. El profesionalismo está instalado, pero siempre está la opción de formar un rugby amateur con reglas y campeonatos distintos. Reglamento: Este es un tema que viene de la mano del tema anterior. Digo esto porque el reglamento que jugamos en Argentina está impuesto por la IRB, que está formada por los países más poderosos. Australianos y Neocelandeses son los mejores del mundo, pero han adaptado el rugby de acuerdo a su conveniencia física. No es que ellos no tengan accidentes, sólo que no les importa. Cuando salen a la cancha, salen a la guerra. Hay alternativas para cambiar, si tomamos en serio que la seguridad de los jugadores tiene prioridad absoluta. Hay que tomar medidas de fondo y a modo de ejemplo teniendo en cuenta que la lesión cervical es la más dañina y que los jugadores menores de 22 años son los más expuestos se me ocurren algunos cambios: 1) Que el rugby juvenil tenga reglas de juego independientes y que ningún jugador menor de 22 años pueda jugar en el plantel superior con las reglas actuales. 2) No es mi intención hacer un nuevo reglamento. Pienso que podríamos hacer una mezcla del reglamento viejo donde no se podía jugar la pelota desde el piso. Erradicar por completo el ruck e incorporar todas las reglas de prevención para juveniles. 3) Eliminaría todos los seleccionados juveniles de menores de 22. No veo conveniente que los chicos se preparen para jugar en alta competencia contra jugadores profesionales, muy desarrollados físicamente. Hay chicos que se entrenan todos los días y tienen una preparación física muy buena. El problema es que juegan el campeonato local contra otros jugadores que no están preparados. Prevención: La Sub-Comisión de Difusión y Desarrollo del juego de la URBA en el 2008 comenzó a implementar el programa de Smart Rugby. Este programa tiene por objetivo la práctica de un rugby inteligente pero sobre todas las cosas "seguro". Proviene de la Unión Australiana de Rugby. Sinceramente me parece que es muy bueno para prevenir accidentes. Además tiene un contenido muy interesante para el tratamiento urgencias. Vuelvo al tema toma de conciencia: este programa se inició a principio de la temporada 2008 y debía estar implementado para todos los entrenadores para marzo del 2009. Creo que por falta de conciencia o dejadez en la mayoría de los clubes todavía no está implementado. Realmente no sé qué tiene que pasar para que todos tomemos conciencia de lo que está pasando.Por Juan Migliore.
Enlace: http://www.clarin.com/diario/2009/04/30/um/m-01909138.htm
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